Neil Hamilton nació en Lynn,
Massachusetts el 9 de Septiembre de 1899, su educación termina abruptamente
cuando en el segundo año de la secundaria el director de la escuela lo llama
a su oficina para expulsarlo. Por el resto del periodo escolar el joven Neil
se la pasaría trepando arboles y admirando el mundo desde allí, hasta que su
padre lo descubre y lo envía a trabajar.
Durante un verano mientras
juntaba basura para los cerdos de su padre en la casa del productor teatral
Moris Gest, Neil decide transformarse en actor por un echo fortuito que
recordaría de esta manera : «Yo no sabia nada acerca de la actuación, pero
estas personas me resultaban maravillosas, ellos se reían todo el tiempo y
eso era lo que yo quería hacer».
Luego de entrenarse en
diversas compañías teatrales, Hamilton debuta en la pantalla en 1918, a
partir de allí comienza a tener importantes roles y se convierte en uno de
los grandes actores del cine mudo con películas como The Great Romance
(1919), The White Rose (1923), America (1924), Isn’t Life Wonderful? (1924),
The Great Gatsby (1925) y Beau Geste (1927) entre otras.
Al contrario que muchos de
sus colegas, Hamilton logra fácilmente adaptarse al cine sonoro gracias a su
agradable voz y a su excelente dicción, pero no volvería a lograr
protagonicos teniendo que contentarse con papeles de reparto como en Tarzan
and His Mate (1934) o The Saint Strike Back (1939).
En 1939 después de hacer una
desastrosa inversión en la exhibición de la San Francisco World’s Fair
pierde todos sus ahorros y no consigue volver a trabajar, ya que ningún
estudio necesitaba a un actor de mediana edad.
Solo el amor de su esposa y
su férrea fe religiosa lo mantendrían entero en sus días mas difíciles,
sobre estos tristes momentos Hamilton recuerda: «Decidí suicidarme, estaba
fuera de mi, aquel seria mi ultimo día. Estaba cargado de deudas y sin un
centavo para las mas acuciantes necesidades familiares, recuerdo
perfectamente ese día de sol esplendoroso, en la cumbre del Monte Santa
Monica observé un pico desde el cual decidí precipitarme al vacío. Me sentía
avergonzado de esta decisión, pasé la luz roja del semáforo y crucé
velozmente la calle ¿A que obedecía ese rapto de locura?.
De un opulento bienestar en
una lujosa mansión , con cinco personas de servicio y una amplia piscina de
natación (la segunda de California por su tamaño) me había precipitado a la
nada.
Todos deploraban mi
situación, pero mientras yo necesitaba mil dólares me ofrecían apenas diez.
En medio de mi desgracia, alguien no me había abandonado: mi amada e
incomparable esposa.
Ella nunca me reprochó nada,
nunca se desalentó, ni siquiera en momentos de no saber si al día siguiente
podríamos hacer una sola comida, mientras me precipitaba a la cima fatal yo
bramaba de dolor, por el horror, por la vergüenza que iba a causarle. Sin
embargo no se me ocurría otra solución.
Había decidido encaminarme
hacia la izquierda, pero al ver allí obreros trabajando, tomé por la
derecha. Mientras caminaba advertí con sorpresa que había abandonado la
acera y subía una empinada escalera de piedra, de improviso me encontré ante
un enorme portal que veía por primera vez.
Era la entrada del Club
Newman, llamé, nadie contestó, volví a hacerlo y esta vez se asoma el padre
Bowling saludándome: «¡Hola Neil! Entra y siéntate ¿Te sientes mal?, ¿Que te
ocurre?», le conté mi historia, el padre sacó de un cajón un ejemplar de La
Novena a María Auxiliadora aconsejada por Don Bosco y me la entregó
diciendo: «Ahora no tienes mas que leer este folleto, son palabras sencillas
a las que nada necesitas agregar».
Recuerdo perfectamente que al
entrar a mi casa mi esposa me dijo: «¿Ya de regreso? Sin duda no has podido
ir muy lejos....». La abracé diciendo: ¡Querida no puedes imaginar el camino
que acabo de recorrer, un día lo sabrás!
Hice la Novena y el día que
la terminé, mientras me afeitaba, percibí claramente una voz que me decía:
«Hoy mismo ve a ver a Dan Kelly, en la Universal Pictures». Me miré en el
espejo y me dije: Neil ¿Que te ocurre?, ¿Ahora comienzas a oír voces y tener
manías religiosas? y continué afeitándome. Por segunda vez la voz me repitió
«Hoy mismo ve a ver a Dan Kelly, en la Universal Pictures», fui a la cocina
donde mi esposa atendía sus ocupaciones y le pregunté si se estaba mofando
de mí, ¿Por que haría eso, que te ocurre? me respondió, entonces le conté y
ella me dijo «Yo en tu lugar iría a lo de Dan».
¿Ir a lo de Dan Kelly? Si
alguien en Hollywood se habría destornillado de risa al saberme necesitado
de trabajo y de dinero, ese era precisamente Dan Kelly. En el apogeo de mi
carrera en Hollywood, había tenido un roce con Kelly, director en jefe de
personal de la Universal, sin embargo, ante la insistencia de mi esposa,
llamé por teléfono.
En lugar de un frío saludo de
rutina, el secretario del señor Kelly se expresó gratamente sorprendido de
oírme, y me invitó a verlo en su despacho una hora más tarde para ponerme en
contacto con Dan. Acudí puntualmente a la cita, al presentarme ante Dan
Kelly este me recibió con el ceño hosco y me preguntó «¿Que desea?», le
referí lo de la voz que me sugería presentarme a él y se rió a gusto, pero a
continuación habló por teléfono a una oficina para decir que enviaba allí a
Neil Hamilton y agregó: «Estoy seguro que se desempeñará perfectamente».
En la otra oficina me
presentaron a Felix Feist con quien yo había trabajado en la Metro Goldwing
Meyer, este se alegró de volver a verme y me saludó como a un hermano largo
tiempo ausente. Al retirarme de allí lo hice dejando firmado un contrato por
U$S 650 semanales.
Henchido de felicidad
aceleraba el paso hacia mi casa, cuando de pronto caí en cuenta de que el
papel que me habían asignado exigía un caballero elegantemente trajeado,
pero yo carecía de ropa conveniente y lo peor de todo era que no tenia
medios para procurármela. Mientras estaba en casa atribulado con esta idea,
sonó el teléfono, era Artur Lubin, un viejo amigo de la Universal que me
llamaba para felicitarme por el nuevo empleo, le conté de mi problema y me
respondió que acudiera de inmediato a su despacho donde me entregó U$S 500.
Al presentarme ante el
sastre, quedé consternado cuando me enteré que debía esperar tres meses para
tener terminado un traje a medida, una vez mas invoque a Don Bosco y apenas
terminada la suplica se asomó el jefe de taller y maravillado exclamó: «¿Neil
Hamilton por aquí?», supe entonces que tanto él como su esposa eran
admiradores míos y esto produjo que al asomar el sol del Lunes yo estubiera
en la Universal perfectamente equipado para dar comienzo a mi labor. A
partir de ese día, donde puedan encontrarme , por la calle, en el escenario,
o en la pantalla de la televisión, ustedes podrán afirmar sin temor de
errar: «¡Este hombre lleva en el bolsillo La Novena de Don Bosco!».
Luego de su regreso a la
actuación en obras de teatro como Solid Gold Cadillac y State of The Union,
un nuevo campo se abriría ante él durante los años 50, ya que comenzaría su
carrera en la TV con series como Perry Mason o Fireside Theatre,
interpretando personajes duros o de hombres de negocios, pero seria en 1966
cuando este legendario actor de 67 años recuperaría su protagonismo
encarnando al inolvidable Comisionado Gordon de la serie Batman.
Hamilton brindaría una
magistral actuación al decir los mas desopilantes parlamentos con una
seriedad y dramatismo dignos de una tragedia, su profesionalismo lo llevaba
a hacer sus escenas de una sola toma ya que nunca olvidaba sus diálogos,
odiaba usar maquillaje y solía perder la paciencia cuando Stafford Repp (El
Jefe O’Hara) perdía su acento Irlandés o Adam West se tentaba en sus partes.
Adam West diría de él: «Si
hay algo de lo que nunca podrán dudar acerca de Neil era su sentido de lo
que es ser un profesional total, el nunca llegaba tarde, nunca improvisaba,
su conducta profesional era una gran influencia para todos nosotros cuando
teníamos ganas de gritar por las presiones en el set.
Yo siempre estaba tratando de
no reírme durante nuestras escenas juntos ya que sus diálogos eran
comiquisimos y muchas veces tuve que simular una tos para que el no se diera
cuenta de lo mucho que me tentaba».
Después de Batman, Hamilton
apareció en el cine con Strategy of Terror (1969) y en Which Way to The
Front (1970) esta ultima con Jerry Lewis.
Su salud comenzó a deteriorarse y necesito un silla
de ruedas, Neal Hamilton falleció el 24 de septiembre de 1984 en Escondido, California.
Burt Ward recuerda su último
encuentro: «Muchos años después que la serie terminara, yo estaba haciendo
una aparición personal en San Diego y en la cola de la gente que esperaba
para saludarme veo a una enfermera llevando en una silla de ruedas a un
distinguido caballero, era Neil, me entristecí al verlo en ese estado pero a
la vez me emocioné al reunirnos nuevamente, suspendí la presentación
momentáneamente y nos pusimos a charlar, fue muy emotivo ya que nunca mas
nos volvimos a ver».